Wednesday, March 21, 2007

Viaje, Trojan y una Diva

"La cosa empezó así. Yo nunca había dicho nada. Nada. Fue Arthur Gánate quien me hizo hablar. Arthur, un compañero, estudiante de medicina como yo. Resulta que nos encontramos en la Place Clichy. Después de co­mer. Quería hablarme. Lo escuché. «¡No nos quedemos fuera! -me dijo-. ¡Vamos adentro!» Y fui y entré con él. «¡Esta terraza está como para freír huevos! ¡Ven por aquí!», comenzó. Entonces advertimos también que no había nadie en las calles, por el calor; ni un coche, nada. Cuando hace mucho frío, tampoco; no ves a nadie en las calles; pero, si fue él mismo, ahora que recuerdo, quien me dijo, hablando de eso: «La gente de París parece estar siempre ocupada, pero, en realidad, se pasean de la maña­na a la noche; la prueba es que, cuando no hace bueno para pasear, demasiado frío o demasiado calor, desapare­cen. Están todos dentro, tomando cafés con leche o cañas de cerveza. ¡Ya ves! ¡El siglo de la velocidad!, dicen. Pero, ¿dónde? ¡Todo cambia, que es una barbaridad!, se­gún cuentan. ¿Cómo así? Nada ha cambiado, la verdad. Siguen admirándose y se acabó. Y tampoco eso es nuevo. ¡Algunas palabras, no muchas, han cambiado! Dos o tres aquí y allá, insignificantes...» Conque, muy orgullosos de haber señalado verdades tan oportunas, nos quedamos allí sentados, mirando, arrobados, a las damas del café.
Después salió a relucir en la conversación el presidente Poincaré, que, justo aquella mañana, iba a inaugurar una exposición canina, y, después, burla burlando, salió tam­bién Le Temps, donde lo habíamos leído. «¡Hombre, Le Temps ¡Ése es un señor periódico! -dijo Arthur Gánate para pincharme-. ¡No tiene igual para defender a la raza francesa!»
«¡Y bien que lo necesita la raza francesa, puesto que no existe!», fui y le dije, para devolverle la pelota y de­mostrar que estaba documentado.
«¡Que sí! ¡Claro que existe! ¡Y bien noble que es! -in­sistía él-. Y hasta te diría que es la más noble del mundo. ¡Y el que lo niegue es un cabrito!» Y me puso de vuelta y media. Ahora, que yo me mantuve en mis trece.
«¡No es verdad! La raza, lo que tú llamas raza, es ese hatajo de pobres diablos como yo, legañosos, piojosos, ateridos, que vinieron a parar aquí perseguidos por el hambre, la peste, los tumores y el frío, que llegaron ven­cidos de los cuatro confines del mundo. El mar les impe­día seguir adelante. Eso es Francia y los franceses tam­bién.»
«Bardamu -me dijo entonces, muy serio y un poco triste-, nuestros padres eran como nosotros. ¡No hables mal de ellos!...»
«¡Tienes razón, Arthur! ¡En eso tienes razón! Renco­rosos y dóciles, violados, robados, destripados, y gilipollas siempre. ¡Como nosotros eran! ¡Ni que lo digas! ¡No cambiamos! Ni de calcetines, ni de amos, ni de opiniones, o tan tarde, que no vale la pena. Hemos nacido fieles, ¡ya es que reventamos de fidelidad! Soldados sin paga, héroes para todo el mundo, monosabios, palabras dolientes, somos los favoritos del Rey Miseria. ¡Nos tiene en sus ma­nos! Cuando nos portamos mal, aprieta... Tenemos sus dedos en torno al cuello, siempre, cosa que molesta para hablar; hemos de estar atentos, si queremos comer... Por una cosita de nada, te estrangula... Eso no es vida...»
«¡Nos queda el amor, Bardamu!»
«Arthur, el amor es el infinito puesto al alcance de los caniches, ¡y yo tengo dignidad!», le respondí.
«Puestos a hablar de ti, ¡tú es que eres un anarquista y se acabó!»
Siempre un listillo, como veis, y el no va más en opi­niones avanzadas.
«Tú lo has dicho, chico, ¡anarquista! Y la prueba me­jor es que he compuesto una especie de oración vengado­ra y social. ¡A ver qué te parece! Se llama Las alas de oro...» Y entonces se la recité:
Un Dios que cuenta los minutos y los céntimos, un Dios desesperado, sensual y gruñón como un marrano. Un ma­rrano con alas de oro y que se tira por todos lados, panza arriba, en busca de caricias. Ése es, nuestro señor. ¡Abracémonos!
«Tu obrita no se sostiene ante la vida. Yo estoy por el orden establecido y no me gusta la política. Y, además, el día en que la patria me pida derramar mi sangre por ella, me encontrará, desde luego, listo para entregársela y al instante.» Así me respondió.
Precisamente la guerra se nos acercaba a los dos, sin que lo hubiéramos advertido, y ya mi cabeza resistía poco. Aquella discusión breve, pero animada, me había fatigado. Y, además, estaba afectado porque el camarero me había llamado tacaño por la propina. En fin, al final Arthur y yo nos reconciliamos, por completo. Éramos de la misma opinión sobre casi todo.
«Es verdad, tienes razón a fin de cuentas -convine, conciliador-, pero, en fin, estamos todos sentados en una gran galera, remamos todos, con todas nuestras fuerzas... ¡no me irás a decir que no!... ¡Sentados sobre clavos in­cluso y dando el callo! ¿Y qué sacamos? ¡Nada! Estaca­zos sólo, miserias, patrañas y cabronadas encima. ¡Que trabajamos!, dicen. Eso es aún más chungo que todo lo demás, el dichoso trabajo. Estamos abajo, en las bodegas, echando el bofe, con una peste y los cataplines chorrean­do sudor, ¡ya ves! Arriba, en el puente, al fresco, están los amos, tan campantes, con bellas mujeres, rosadas y baña­das de perfume, en las rodillas. Nos hacen subir al puen­te. Entonces se ponen sus chisteras y nos echan un dis­curso, a berridos, así: "Hatajo de granujas, ¡es la guerra! -nos dicen-. Vamos a abordarlos, a esos cabrones de la patria n.° 2, ¡y les vamos a reventar la sesera! ¡Venga! ¡Venga! ¡A bordo hay todo lo necesario! ¡Todos a coro! Pero antes quiero veros gritar bien: '¡Viva la patria n.° 1!' ¡Que se os oiga de lejos! El que grite más fuerte, ¡recibirá la medalla y la peladilla del Niño Jesús! ¡Hostias! Y los que no quieran diñarla en el mar, pueden ir a palmar en tierra, ¡donde se tarda aún menos que aquí!"»
«¡Exacto! ¡Sí, señor!», aprobó Arthur, ahora más dis­puesto a dejarse convencer.
Pero, mira por dónde, justo por delante del café donde estábamos sentados, fue a pasar un regimiento, con el co­ronel montado a la cabeza y todo, ¡muy apuesto, por cierto, y de lo más gallardo, el coronel! Di un brinco de entusiasmo al instante.
«¡Voy a ver si es así!», fui y le grité a Arthur, y ya me iba a alistarme y a la carrera incluso.
«¡No seas gilipollas, Ferdinand!», me gritó, a su vez, Arthur, molesto, seguro, por el efecto que había causado mi heroísmo en la gente que nos miraba.
Me ofendió un poco que se lo tomara así, pero no me hizo desistir. Ya iba yo marcando el paso. «¡Aquí estoy y aquí me quedo!», me dije.
«Ya veremos, ¿eh, pardillo?», me dio incluso tiempo a gritarle antes de doblar la esquina con el regimiento, tras el coronel y su música. Así fue exactamente.
Después marchamos mucho rato. Calles y más calles, que nunca acababan, llenas de civiles y sus mujeres que nos animaban y lanzaban flores, desde las terrazas, delan­te de las estaciones, desde las iglesias atestadas. ¡Había una de patriotas! Y después empezó a haber menos... Empezó a llover y cada vez había menos y luego nadie nos animaba, ni uno, por el camino."


Louis-Ferdinand Cèline(1), "Viaje al fin de la noche"

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En materia musical me gustarìa destacar un disco compilatorio promocional que rompe el esquema clàsico de este tipo de ediciones, que en general son solo artefactos mercantiles con mediocres selecciones. El mentado disco fue un regalo de un viejo amigo y es el que viene con la revista RockdeLux del mes de agosto del pasado año. "Trojan: Classic Jamaican Sound Since 1968"(2) lleva por titulo y es asi como los temas estan sacados del catàlogo de ese gran sello de mùsica jamaiquina que es Trojan. Debemos darle crèdito al compilador, Ibon Errazkin, quien con buen gusto toma las 21 canciones que jalonan el compilatorio. Abre con el maestro Don Drummond y sus Skatalites con "Don De Lion" un tema extraido de su album "Jazz Ska Attack" del 64(que buen comienzo). Luego se suceden una plèyade de artitas hasta practicamente nuestros dias en la extensa clasificaciòn que atiende a este tipo de mùsica. Destaco "The Loser" de Derreck Harriott, "Old fashion Way" de Ken Boothe, Dennis Alcapone con "Spanish Omega", "East of the river" por Augustus Pablus, el clàsico de Eddie Cooley/John Davenport "Fever" exelentemente cubierto por Junior Byles y para terminar esta seleccion ràpida "Silly Thing"(temazo) de Janet Kay. La ùnica decepciòn es paradojicamente el ùltimo tema, pero a esa altura poco importa despuès de màs de una hora de buenos temas.

Siguiendo con musica jamaiquina les presento a una Diva de la isla....ladies and gentleman: Phyllis Dillon. Dentro los estilos que se desprenden del tronco del ska, el rocksteady es el primero que se muestra. A comienzos de los 60's el ska baja el ritmo a la mitad y el tan carateristico trombòn es reemplazado por un bajo que acomete sincopados pasajes secundado por una guitarra elèctrica o un piano en la mayoria de los casos. Ademàs, vocalmente las influencias del soul de Motown y Stax(3), de gran aceptaciòn en la isla, se hacen notar fuertemente entregando una cargada emotividad a las canciones, ergo, el rocksteady ha nacido. Nuestra Diva(sì, con mayuscula) es la principal exponente femenina de este estilo desde mediados de los 60's hasta comienzos de los 70's cuando ya se perfila en lo que se conocerìa como reggae(pròximo paso en el desarrollo històrico de la musica jamaiquina).Nacida en 1948, es descubierta por el guitarrista de sesiòn Lynn Taitt, quien impresionado por su voz en una presentaciòn con su banda The Vulcans, la presenta al connotado productor Duke Reid(4). En 1966 lanza su primer single"Don't Stay Away" que fue un exito local conviertiendola rapidamente en la reina del rocksteady. Varios singles màs se suceden, siempre mostrando su delicada pero a la vez desgarradora y melancòlica voz. Una caracterìstica de su ùltima etapa son las canciones con fuerte contenido social, siendo la mas emblemàtica "Woman of the Ghetto". Recomiendo para conocer a Phyllis los discos compilatorios "Midnight Confessions: Classic RockSteady & Reggae 1967-71" y "Love Is All I Had: A Tribute to the Queen of Jamaica", este ùltimo editado por Trojan. Como ya saben, ayudense con el pajarillo azul para tenerlos.

Para los que deseen escuchar Sexpol, un "myspace" està en preparaciòn y pròximo a ver la luz. Se suceden ensayos afinando temas para un potencial debut en vivo en fecha no estipulada aùn.... "estamos trabajando para usted". Pròxima esta tambièn la apariciòn de la banda en un compilado con agrupaciones de esta parte del mundo y europa; aparentemente los primeros dias de Abril estarìa listo. Info de lo ùltimo aca: http://www.fotolog.com/daz_tronenburg



1. Louis-Ferdinand Céline(1894-1961).Escritor francès de estilo en extremo vivo, a veces intraducible a causa de su propensión a calcar el lenguaje oral. Influyó profundamente en las generaciones posteriores.

2.Algunos temas del compilado son de fecha anterior a la creaciòn del sello(1968) pero han sido editados profusamente(y rescatados) a partir de la fecha dada.

3.Algunas emisoras de New Orleans se podìan escuchar en la isla, principalmente en las noches, esparciendo los artistas Soul a los oyentes en Jamaica, varias millas mar adentro, e influenciado poderosamente a los mùsicos de la insula.

4.Afamado productor y junto a Clement "Coxsone" Dodd, los hombres fuertes en el negocio musical de la isla a partir de los 50's. Ambos partieron como DJ's y luego como dueños de sellos y promotores de artistas hasta comienzos de los 70's donde son relevados por una nueva generaciòn. Dentro de los ahijados de Reid aparte de Phyllis podemos citar a the Melodians, the Paragons, the Ethiopians, and the Jamaicans.Muere en 1975.